Wednesday, July 28, 2010

Así pasó.


Es completamente imposible de creer que alguien como ella pueda exhibir lo que piensa. Iba yo pensado en eso, cosa más abstracta que perturba mi albedrío, cuando entonces me obligué a no querer saber más del asunto. Mi habilidad para preocuparme (recientemente adquirida) amenazaba mi bienestar mental.

Su relación con él parecía buena, era su pequeña burbuja de "felicidad", no se iba de su lado porque la verdad no quería buscar otra burbuja. Y aún así, de cierto modo, toda esa "abundancia de felicidad" le parecía abominable.

Escribir todo esto que ella me decía, no es digamos la mejor actividad que tenía que hacer, pero consideré conveniente hacerlo. Me gustaría reír más tarde.

Ella intentaba evacuar de su cerebro toda esa porquería que tanto la atormentaba, eso era la verdad, y era más que evidente.

Ese día la llevé a que tomaramos un café. Parecía que iba a llover, eso creo que fue como un incentivo para que me soltara toda la sopa. Porque la verdad, estaba yo muy intrigada.

No se sentía esclava de aquél energúmeno, creo que eso era bueno, pero entonces...¿por qué no quería dejarlo? ¿o es que en realidad no podía? Bastante OBVIO creo yo.

Lindo monstruo era ese mi adversario. Lidiar con locos y sufridos es la verdad, mi diversión. Simplemente no podía privarme de semejante deleite, así que hice aflorara la paciencia constante.

Encontraba yo el desquicio de esta mujer, que para ventura o desventura mía, es mi amiga. Pero bueno. Yo encontraba su desquicio sumamente delicioso. Y ella sola comenzó a conducir la conversación, que extrañamente, empezaba a hacerme feliz.

Lo que me platicaba, hasta este momento, no era nada que pudera ser considerado como gravísimo, los segundos comenzaron a parecer siglos.
Durante el tiempo que estuve con ella no nos reímos para nada.

Sólo se enredaba el cabello entre los dedos, ya tenía rato haciéndolo...me desesperaba. Prendo mi cigarro. Me siento contrarreloj.

Hubo un momento en el que pensé que todo iba a ser como antes, porque comenzó a hablar de los asuntos políticos-religiosos que se discuten a diario en su familia, y yo...yo...yo queriéndo correr a la calle.

Y mi cigarrillo se acababa, tenía que prender otro. Y así seguía. Uno más, otra falla en su relación.

Ya no me sentía muy cómoda saboreando sus pesares, mi interés en ellos huyó con el último sorbo a mi café. Y ella, ella seguía hablando de aquél payaso, al que yo cada vez encontraba más funesto. Ya no encontraba explicación alguna a su extraña y retorcida vida. Y en esa luz, que cada vez se hacía más tenue, decidí alejarme del espejo y largarme hacia mi cama.